
Conferencia, leída el Viernes Santo
25 de abril de 2005.
MEDITACIÓN DE
VIERNES SANTO
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¿A quién buscáis? Le respondieron: A Jesús Nazareno. El les
dijo: “Yo soy“ |
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Juan 18 –15 |
Así comienza un proceso que
habría de culminar en el Gólgota tan sólo unas horas después. Allí en el monte
de los crucificados, aquel que encarnara a Cristo hace 2000 años, sería clavado
en la cruz hasta su muerte.
Tres años de enseñanza
quedarían condensados en ese penúltimo acontecimiento de su existencia,
cumpliéndose lo que – tal vez, de manera premonitoria- había anunciado:”… pero si un grano de simiente se destruye, dará fruto al ciento
por uno”
ANÁLISIS de algunos acontecimientos de
El cristiano místico acepta que todo hombre es
un Cristo en formación. Que los principales hechos de la vida del Maestro entre
Para los primeros Iniciados en los Misterios
Cristianos,
Los principales
acontecimientos de la vida de Cristo Jesús, desde
Es por ello por lo que
muchos ocultistas dicen que la historia de Cristo, tal y como se relata en los
Evangelios, es un mito que hay que leer
alegóricamente y que no es histórica, sino el símbolo de ese sendero de
perfección que toda
Además de que la vida de
Cristo reproduce las experiencias de los primitivos Maestros del Mundo y las
etapas iniciáticas procedentes de los antiguos Misterios, Él, no solo añadió a
todo lo antiguo un significado más profundo, sino que lo llevó a cabo en el
plano histórico, para que el mundo lo vea y lo contemple. Por eso los Misterios
Crísticos constituyen la suprema consecución a alcanzar mediante el desarrollo
futuro de
Así como la suma del trabajo
realizado durante la época del Adviento consistía en tres Grados:
En los tres Grados que
preparan al candidato para los Misterios Pascuales, el trabajo es difícil y la
autodisciplina dura, ya que se dirigen al desarrollo y expresión de una
voluntad firme y concentrada. Dedica,
pues, todo el poder de su voluntad y resuelve utilizar toda la fortaleza de que
dispone, para realizar con éxito el trabajo exigido. Y entonces es cuando
aprende, en verdad y de hecho, lo que significa “caminar a solas”.
El propósito de los
Misterios Pascuales consiste en iniciar al hombre en el estado de inmortalidad
consciente y hacerle capaz de conseguir la liberación del cuerpo físico, no
solamente durante las horas de sueño ni entre vidas terrenas sino en cualquier
momento que desee, para convertirse así en un Auxiliar Invisible consciente,
cuantas veces sea requerido, tanto en este plano como en los del espíritu. El
alcanzar esta meta entraña una preparación ardua y difícil.
El rito de Getsemaní exige
una vida de pureza e inegoísmo. El ceremonial del miércoles de ceniza, que
marca el comienzo de
En el Primer Grado o Getsemaní, El Sendero se estrecha y se hace tan inclinado
como el tejado de un campanario, sin nada a la vista salvo la cruz que lo
corona.
Toda la pureza, todo el amor
y toda la fe que se han ido incorporando al alma durante la preparación para
recibir los Misterios Crísticos deben ser puestos entonces en juego, junto con
la fortaleza y firmeza de propósito que han crecido en su interior durante la
presente época de Cuaresma.
1- Llegaron a un lugar llamado Getsemaní y Jesús dijo a sus discípulos:
Sentaos aquí y orad para no entrar en la
prueba. Tomando consigo a Pedro,
Santiago y Juan, comenzó a sentir temor
y angustia, y les decía: Triste está mi alma hasta la muerte; permaneced aquí y
velad. Adelantándose un poco, cayó en
tierra y oraba que, si era posible, pasase de él aquella hora. Decía: Abba,
Padre, todo te es posible, aleja de mí este cáliz; más no sea lo que yo quiero, sino lo que tú
quieras. Se le apareció un mensajero del
cielo que le confortaba. Lleno de angustia, oraba con más instancia, y sudó
como gruesas gotas de sangre, que corrían hasta la tierra. (Lucas XXII,
39-44-Marcos XIV.32-36 Mateo XXVI,
36-39).-
2- Al llegar a la montaña del
dolor y de la traición, Jesús divide a los suyos en tres grupos. A los
primeros, los deja sentados, diciéndoles que rueguen. Toma consigo a
Pedro, Santiago y Juan, los dos hermanos y los sitúa un poco
más lejos, pidiéndoles que velen, mientras él se aleja aún más para orar y
pedir al Padre que, de ser posible, alejara de él, el cáliz amargo que debía
beber. Los sentados, los que velan y el
maestro solitario: así han de situarse nuestras fuerzas espirituales en la hora
final. Jesús lo dispuso así para que no cayeran todos en la misma emboscada que
iban a tenderles los hombres de
El Rito de
El límite de la agonía,
incluso para un arcángel, se precipitó sobre Él cuando pasaron ante Su visión
las imágenes del futuro, y vio cuán pocos, de entre las inmensas multitudes que
constituyen
El hecho de que
Pedro experimentó este Rito
de
Juan, el amado, y María, la
santa Virgen, hicieron frecuentes peregrinajes al Monte de los Olivos, vibrante
de poder espiritual, cuando el Maestro ya no caminaba a su lado en cuerpo
físico. Allí, las puertas del cielo se
abrían y los ángeles y arcángeles bajaban a comunicarse con los hombres. Las leyendas
místicas de la iglesia primitiva contienen muchas referencias a las reuniones
celebradas por María con los discípulos en el Jardín de los Olivos, reuniones
relacionadas siempre con algún aspecto del trabajo de Transmutación. El olivo
posee raras propiedades ocultas y es uno de los árboles frutales más altamente
sensibilizados.
Crece en áreas especialmente
favorecidas. Se encuentra entre los pioneros del reino vegetal y, a lo largo de
las edades, se le ha asociado con la curación y la regeneración, cualidades
éstas inseparablemente unidas al proceso de transmutación. Por eso hay otras leyendas que aseguran, que,
tanto la cruz como la corona de espinas, símbolo de la consecución que sigue al
proceso de Transmutación, estaban hechas de madera de olivo.
7 Dice la crónica que le
apareció a Jesús un mensajero del cielo para confortarlo. Esto es para decirnos
que en esta hora difícil recibiremos consuelo del cielo. No estaremos solos en
el momento del supremo sacrificio.
Supremo, puesto que nos identificamos con nuestros deseos, y sacrificarlos
significa realmente comernos nuestro documento de identidad. El cielo nos
acompañará en este trance. En los momentos cruciales de nuestra existencia,
como pueden serlo el nacimiento y
muerte, los habitantes de las otras esferas se nos manifiestan. El niño
que nace ve a veces durante años, a los habitantes del mundo que acaba de
dejar. Lo mismo ocurre con el que muere,
que, junto con sus familiares muertos, ve aparecérsele ángeles que lo
acompañan. Jesús fue seguido a lo largo
de su ministerio por una cohorte de arcángeles.
Pero aquí los cronistas se refieren a ellos para que sepa el peregrino
que él también dispondrá del consuelo de los de arriba cuando decida sacrificar su cuerpo de deseos para fundirlo
en el cuerpo universal, poniendo a la disposición de todos los hombres los
contenidos sublimes y renunciando a ejercer la voluntad encerrada en ese cuerpo
y que le daba una vida autónoma, para someternos a la voluntad del padre, del
Ego y ser uno con Él.
2do. Grado “EL JUICIO”
En el Grado del Juicio, las
pruebas que el candidato ha de superar están de acuerdo con su status
espiritual. Cuanto más avanza uno en el Sendero, tanto más sutiles y
penetrantes son las pruebas. Ninguna podría compararse en severidad con las
sufridas por Cristo Jesús, ya que nadie posee Su fortaleza y Su poder
espirituales.
Una vez más, en el grado del
Juicio, el candidato comprueba la inmensa importancia de su largo entrenamiento
en el inegoísmo. Si no se ha realizado apropiadamente el trabajo preparatorio,
no se tendrá éxito al pretender pasar este importante Grado. Pocos han sido
capaces de caminar a lo largo de su largo y estrecho sendero. En un inspirado
manual se dice, al referirse a este elevado trabajo: “Antes de que los oídos
puedan oír, han de haber perdido su sensibilidad. Antes de que la lengua pueda hablar en
presencia del Maestro, ha de haber perdido su poder de herir; antes de que los
pies puedan permanecer en presencia del Maestro, han de haber sido lavados con
la sangre del corazón”.
16 Llegada la mañana, todos los príncipes de los sacerdotes y ancianos
del pueblo tuvieron consejo contra Jesús para quitarle la vida; y atado le
llevaron y le entregaron al gobernador
Pilatos ¿Qué acusación traéis contra ese
hombre? les dijo. Ellos respondieron: Si
no fuera un malhechor, no te lo traeríamos.
Díjoles Pilatos: Tomadles vosotros y juzgadles según vuestra ley. Le
dijeron entonces los judíos: Es que a nosotros no nos es permitido dar muerte a
nadie. Para que se cumpliese la palabra que Jesús había dicho, significando de
que de muerte había de morir. Entró de nuevo Pilatos en el pretorio y, llamando
a Jesús, le dijo: ¿Eres tú el rey de los judíos? Respondió Jesús: ¿Dices eso de ti mismo o te
lo han dicho otros de mí? Pilatos contestó: ¿Soy yo judío por ventura? Tu
nación y los pontífices te han entregado a mí. ¿Que has hecho? Jesús respondió:
Mi reino no es de este mundo; si de este mundo fuera mi reino, mis ministros
habrían luchado para que no fuese entregado a los judíos; pero mi reino no es
de aquí. Le dijo entonces Pilatos:
Luego, ¿tú eres rey? Respondió Jesús Tú lo dices. Yo, para esto he nacido y
para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que
es de la verdad, oye mi voz. Pilatos le
dijo: ¿Y qué es la verdad? Y dicho esto, de nuevo salió a los judíos y les dijo:
Yo no hallo en éste ningún delito. Hay entre vosotros costumbre de que os
suelten a uno en
17 Comienza aquí la mañana de aquel
viernes. El Sol se levanta tras esa
larga noche en la que tantos y tan importantes acontecimientos suceden. En
nuestra historia interna, vemos como dos fuerzas espirituales se enfrentan: la
antigua, instituida, jerarquizada, poderosa, y la nueva, totalmente desamparada
porque no quiere utilizar sus poderes.
La antigua está dispuesta a dar muerte a la espiritualidad emanante, porque
sabe que si no la mata, acabará proclamándose rey de nuestra vida y será la
vieja espiritualidad la que morirá. La
nueva espiritualidad, por su parte, no piensa defenderse, porque sabe que ese
mundo que proclama no puede ser instituido por la simple palabra, sino que
tiene que nacer en la tierra, tiene que encarnarse en los átomos que forman
nuestra carne y, para ello, su sustancia, su sangre, tiene que mezclarse con
los componentes materiales de nuestro mundo para que éstos, al encarnarnos, nos
transmitan el soporte básico de la nueva espiritualidad, de manera que cuando
la voz de Cristo aparezca en lo alto de nuestra mente, encuentre en nosotros un
cuerpo físico preparado para obedecer
sus mandatos y no un cuerpo cuya dinámica es hostil a la nueva espiritualidad.
El Juicio marca un punto crítico
en el Sendero. El candidato, hasta ese momento, ha ido desarrollando poderes
que exceden con mucho a los normales del individuo medio. La tentación que
ahora se le presenta es la de si empleará esos poderes para la consecución de
sus ambiciones personales o para el beneficio y bendición de sus hermanos los
hombres. Cristo vino como indicador del
Camino a toda
¿Cómo se enfrentó Cristo a
esta prueba? Durante el juicio ante Pilatos, rodeado por una multitud
enardecida que vociferaba epítetos llenos de odio y clamaba por su crucifixión,
tenía entre sus Poderes el de convocar legiones de ángeles para su liberación,
pero no hizo uso de tal poder. No se salvó a sí mismo, sino que se ofreció a Sí
mismo como un sacrificio viviente por todo el mundo. Pocos, incluso ahora,
comprenden este sacrificio en su significado cósmico y universal. Incluso Sus
discípulos, en aquel momento, tenían un pobre concepto de la vasta misión que
venía a cumplir. Ellos pensaban que se
iba a sentar en un trono en Jerusalén y hacerse rey de toda la tierra. No
comprendían que había de convertirse en el Regente Interior de esta Tierra y
que Su reinado no podrá manifestarse plenamente hasta que una gran parte de
La bendita María, acompañada
por otros de los discípulos femeninos del Maestro, se mezclaron entre la
excitada y turbulenta muchedumbre que acompañó al Maestro durante el así
llamado Juicio, que no fue sino una parodia con el nombre de justicia. Exteriormente aquellas santas mujeres
aparecían tranquilas y sosegadas, en acusado contraste con el perturbado gentío
que se arremolinaba a su alrededor.
Interiormente, estaban realizando el trabajo que sabían hubiera
complacido más al Maestro, y enviaban grandes corrientes de amor para aliviar y
calmar a las tumultuosas e iracundas multitudes, al tiempo que oraban fervientemente
para que su ignorancia y ceguera les fuera perdonadas.
Hay un significado profundo
en el hecho que, camino al Gólgota, Cristo encontrase a Su madre y a las otras
santas mujeres. Quiere decir que las
mujeres estaban interiormente desgarradas de congoja por las inhumanas
indignidades y las torturas infligidas al bendito Maestro. Sabiéndolo, Cristo derramó sobre ellas Su
divina compasión y las envolvió en la amante ternura de Su gran corazón. De
este modo quedaron restablecidas y fortificadas, hasta el punto que fueron
capaces de resistir la prueba hasta el final.
3er. Grado:
El último o Tercer Grado que
conduce a la liberación, es el de
En este grado, el candidato
se encuentra frente a uno de los más sagrados Misterios, y que ha de permanecer
por siempre sellado para el profano. Su significado secreto puede sólo ser
aludido brevemente aquí; su propósito interno y verdadero sólo puede ser
revelado a aquellos que buscan y encuentran la luz en su propio interior, esa
llama del gran amor blanco que excede a toda comprensión.
11 Jesús, llevando su cruz, llega a un lugar llamado Cráneo, en hebreo
Gólgota. Es allí que fue crucificado y otros dos con él, uno de cada lado y
Jesús en medio (Juan XIX, 17-18). Lucas
y Marcos precisan que se trataba de dos malhechores y que el de la izquierda,
estando ya en la cruz, le decía, injuriándolo ¿no eres tú el Cristo? ¡Sálvate y
sálvanos! Pero el otro le reprendía,
diciéndole: ¿No temes a Dios tú que sufres la misma condena? Para
nosotros, es justicia, ya que recibimos lo que hemos merecido por nuestros
crímenes; pero él no ha hecho ningún mal.
Y le dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Jesús le respondió: En verdad te digo hoy,
estarás conmigo en el Paraíso. (Lucas XXII, 33-43).
Ese itinerario que va de la ciudad hacia el monte del cráneo señala el
camino de nuestra propia Transmutación. Ese camino, que en la tradición
exotérica tiene las doce estaciones del Vía Crucis, tiene, en la tradición
esotérica, treinta y tres estaciones, una para cada uno de los treinta y tres
huesos que forman nuestra columna vertebral, desde el coxis hasta el cráneo. La
fuerza crística tiene que recorrer esos treinta y tres peldaños, empezando por
el más bajo y regenerar
Cristo, el supremo
Iniciador, declaró: “Si quieres ser mi discípulo, toma tu cruz y sígueme”.
No hay otro camino. Aquí, ciertamente, el camino se hace estrecho y el
candidato se da cuenta de que no hay otro agarradero que la cruz. No son pocos los que, llegados a este punto
del Sendero de Santidad, retroceden por no ser capaces de enfrentarse a la
severidad de esta última prueba. El ser
clavado en la cruz y luego elevado en ella, frente a una multitud
escarnecedora, requiere la renuncia a cualquier lazo personal que pudiera
impedir una completa sintonía con la voluntad divina. Traducida a términos
familiares en la experiencia del discípulo, el Rito de
Supone la capacidad de
renunciar a la posición, la fortuna y el prestigio. Supone la pérdida, si es
preciso, de posesiones, amigos, reputación e, incluso, la vida misma. Todas las cosas deben ir desapareciendo hasta
que sólo quede la realización espiritual.
Entonces comprende el candidato lo que el Maestro quería decir cuando
dijo que, el que quisiera ser Su discípulo, debería tomar la cruz y seguirle. San
Francisco de Asís había alcanzado este punto del Sendero cuando recibió la inspiración
para componer esa sublime oración que no ha dejado desde entonces de ser
utilizada por innumerables almas, deseosas de vivir más plenamente, a la manera
del supremo ejemplo para el mundo, el propio Cristo: “Haz Señor de mí un instrumento de tu paz “.......
Los estigmas en las manos,
pies y cabeza están en la misma posición relativa que los extremos de la
estrella de cinco puntas. Los cinco
clavos son los cinco sentidos, que atan al espíritu a la cruz del cuerpo físico. Platón dice: “Cada placer y cada dolor son
una especie de clavo que une el alma al cuerpo”. El espíritu está muy íntimamente ligado a la
forma por los cinco sentidos y, en esos puntos, el poder del fuego espiritual
ha de ser muy potente. La “extracción de
los clavos” de esos puntos, produce las cinco llagas sagradas. El padecimiento
se produce por el ascenso del fuego creador a lo largo del triple cordón
espinal. Cuando ha ascendido durante
cierto tiempo, Neptuno enciende el fuego espinal espiritual. Este fuego hace
vibrar las glándulas pineal y pituitaria en la cabeza y, cuando la onda
vibratoria golpea el seno frontal, despierta a la vida los nervios craneales o
Corona de Espinas. Más tarde,
Cuando el espíritu de Cristo
quedó liberado del cuerpo de Jesús y pasó al centro de
Cada sacrificio comporta su
compensación espiritual. Todo hombre que muere en el campo de batalla, por
cualquier causa que considera más importante que él mismo, renace en un nivel
superior de conciencia. El status evolutivo del ego avanza cuando la sangre,
que es su vehículo directo, se limpia de impurezas fluyendo del cuerpo en el
momento de morir. Todo ego, durante sus amplísimos ciclos de peregrinaje
terrenal, vive, por lo menos, una vida en la que el espíritu abandona el cuerpo
mientras la sangre fluye. Cristo, mediante Su sacrificio en la cruz, fue
elevado a las Grandes Iniciaciones que pertenecen al Reino del Padre.
El candidato victorioso, que
sigue a Cristo hasta el final del camino, llega a
La muerte de la cruz encierra un simbolismo conocido por
nuestros antepasados, pero desvirtuado por el hombre moderno. Morir en la cruz
no contiene, en su más pura esencia, connotaciones de dolor y de muerte, sino
un significado mucho más profundo que eleva al crucificado a la categoría de
Hombre - Dios.
Cristo, emanación de
Cristo se humaniza para hacerse no solamente evidente, sino
accesible al Hombre; su manifestación es un hecho relativamente reciente. Las
Jerarquías eclesiásticas de los primeros siglos dieron al mundo creyente un
símbolo de FÉ sustentada en el dolor y la muerte, la imagen de Cristo en la
cruz con el dolor tanto en el rostro como en las heridas, reflejo de la
crucifixión como suplicio.
Por
ello “tomar la cruz” se convierte en la clave definitiva para el final y quien
no disponga de esa clave, no podrá traspasar el umbral. Cristo desde la cruz
está diciendo que “tomar la cruz” no es una
frase mágica para abrir puertas, ni tampoco el suplicio de una muerte
cruenta..., ”tomar la cruz” es asumir una tarea que transforma al hombre convencional,
incompleto, en hombre perfecto, aquel que ha desarrollado todas sus partes
constituyentes hasta conseguir una Unidad; aquel que, sintiéndose parte de una
conciencia suprema que llamamos Dios, es capaz de sentir, pensar y hacer desde
esa comprensión.
Pocos mensajes crísticos han sido peor entendidos que
el de la cruz. La creencia, generalmente difundida, apunta hacia la necesidad
del sufrimiento sin límites para acercarse a lo divino, generando, así, un
rechazo en el inconsciente de los creyentes por temor a ese dolor. De este modo
se ha cimentado una barrera entre Jesucristo, abnegado y valiente, y el Hombre
débil e impotente ante la altura de la cruz. Asumir la cruz de cada uno no
significa, necesariamente, dolor alguno, sino una disposición responsable para
vivir conscientemente, para descubrirse a sí mismo, para desarrollar los
talentos individuales, para establecer el equilibrio en el interior.
Asumir
la cruz es comprometerse seriamente con
uno mismo para que el mandato de San Pablo, “sed perfecto como Dios”, se
cumpla. Asumir
la cruz es asumir el papel que nos corresponde interpretar: es asumir la propia
vida. Esa es la clave del punto final y todos nos “crucificaremos” un día en un
acto que nada tiene de cruento ni de doloroso, sino de triunfo. Ese será el día
en que, conscientes de nuestra propia identidad y de nuestra función como
órganos del cuerpo de
Pero la actividad funcional
del Hombre es algo profundamente arraigado en el inconsciente y su
descubrimiento, lento y difícil, hace desistir a la mayoría ante el primer
intento. Aflorar al consciente los “talentos” individuales – aquellas
cualidades exclusivas del ser, es un trabajo de auto descubrimiento largo y
tenaz, difícil de hacer frente aunque se reconozca como el camino necesario
para elevarse, para trascender a otro nivel, o para “salvarse”.
Ese trabajo lo realizó Jesús tomando su cruz, pero, ¿es el hombre común capaz de imitarlo, aceptando su invitación de que “...tome su cruz y me siga”? Evidentemente no, y ello porque quizá ese hombre común – que somos todos – no sabe cómo hacerlo al estar limitada su comprensión. Y mientras su conciencia despierta, Jesús tiene que morir una y otra vez en la cruz en una repetición constante que evoca en el exterior la experiencia interna que el hombre no realiza.
Vivimos, así, en una especie de letargo espiritual
en el que la lección final del Cristianismo queda aplazada. ”Crucificarse” exige
esfuerzo humano y compromiso que cualquiera prefiere eludirlos.
El hombre fue hecho
semejante a Dios y eso quiere decir que es Dios en potencia, pero mientras ese
Hombre no tome conciencia del hecho irrefutable de su condición divina, no será
sino un “proyecto” no realizado, un hombre convencional, pero no el Hombre-Dios
del que hablaba San Pablo. “Morir” en la cruz es el paso definitivo hacia esa
transformación y nada tiene que ver con el dolor, ni con el pecado, ni con la
misma muerte.
Hemos
llegado al nadir de la materia y por nuestro bien fue necesario que Cristo
entrara en
“QUE
LAS ROSAS FLOREZCAN SOBRE VUESTRA CRUZ”